El autoritarismo acecha a la prensa en América: ¿hasta cuándo callaremos?
La libertad de expresión y el ejercicio periodístico en América están en retroceso, advertía recientemente la presidenta de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Martha Ramos. Los comunicadores se enfrentan diariamente a la censura, restricciones al acceso a la información y utilización del sistema judicial para silenciar voces críticas. Esto no es un problema nuevo, pero sí cada vez más agudizado. En México, por ejemplo, los asesinatos de periodistas como Miguel Ángel Beltrán Martínez y Carlos Castro en un contexto de denuncia de crimen organizado evidencian el alto riesgo constante que corren los comunicadores. La violencia física contra los periodistas se agudizó en el último año, y en México, el acoso judicial y hostigamiento perduran, pese a las declaraciones gubernamentales de que no existe censura.
Los datos son contundentes: cierres de medios, restricciones legales, asesinatos, exilio y desplazamiento forzado de periodistas. Además, funcionarios gubernamentales han recurrido a calificar el periodismo crítico como “operaciones políticas”, como lo hizo Roxana González Milei al tildar a periodistas de “pluma mugrosa”. La utilización del sistema judicial para silenciar voces críticas es otro de los mecanismos que se emplean para acallar a la prensa. El caso del Tribunal Supremo que resolvió que La Fortaleza puede exigir a los periodistas un carnet oficial es solo un ejemplo de cómo se restringe el acceso a la información. En otros países, como Guayana, el presidente evita conferencias de prensa abiertas, y en Ecuador, el ejército clasifica a los medios como “afines” o “críticos” para condicionar su acreditación.
La impunidad, un cáncer que corroe la democracia
Es hora de hacer un llamado a la reflexión: ¿hasta cuándo permitiremos que se silencie a la prensa en América? La impunidad es un cáncer que corroe la democracia, y es nuestra responsabilidad como ciudadanos demandar que se tomen medidas efectivas para proteger a los periodistas y garantizar el ejercicio libre de la prensa. No podemos permitir que la censura y la violencia sean las herramientas que utilicen los gobernantes para acallar a la prensa. Es hora de unirnos y exigir que se respeten los derechos humanos y las libertades fundamentales. La prensa libre es un pilar fundamental de la democracia, y su silencio es un augurio de tiempos oscuros para nuestra región.
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