La sombra de la exclusión: miles de mexicanos necesitan ayuda para votar
Las elecciones judiciales celebradas en junio de 2025 revelaron una realidad que pone en tela de juicio la accesibilidad y la igualdad en el ejercicio del derecho al voto en México. Un total de 93 mil 153 personas con discapacidad requirieron ayuda para votar en las casillas especiales instaladas para tal fin. Esta cifra no solo destaca la necesidad de apoyo, sino también la falta de inclusión y adaptación en el proceso electoral. Mientras que 26 mil 402 personas necesitaron el apoyo de funcionarios de casilla para poder elegir a jueces, magistrados y ministros, otros 4 mil 636 personas con problemas visuales solicitaron apoyo especializado, y 237 utilizaron material Braille. Estos datos señalan las barreras que enfrentan las personas con discapacidad para ejercer su derecho a votar de manera autónoma y plena.
La situación refleja una problemática más profunda que afecta no solo a las personas con discapacidad, sino a la democracia en su conjunto. La exclusión y la falta de accesibilidad no solo se limitan a las elecciones, sino que se extienden a otros ámbitos de la vida pública y social. La falta de infraestructura accesible, la escasez de recursos y la falta de conciencia sobre la importancia de la inclusión perpetúan un ciclo de exclusión que afecta a miles de mexicanos. Es fundamental que los esfuerzos por mejorar la accesibilidad y la inclusión en el sistema electoral se acompañen de políticas y acciones concretas que aborden las necesidades de las personas con discapacidad en todos los aspectos de la vida.
La llamada a la inclusión: ¿hasta cuándo seguirán siendo necesarias las “ayudas” para votar?
La cifra de casi 100 mil personas que necesitaron ayuda para votar en las elecciones judiciales es un llamado a la reflexión sobre la verdadera inclusión y accesibilidad en el sistema electoral mexicano. Es importante que se tomen medidas concretas para abordar las barreras que enfrentan las personas con discapacidad, desde la adaptación de la infraestructura hasta la capacitación de los funcionarios electorales. La democracia se fortalece cuando todos los ciudadanos pueden participar de manera plena y autónoma. Es hora de pasar de la “ayuda” a la inclusión real, garantizando que todas las personas, sin importar sus capacidades, puedan ejercer su derecho al voto sin barreras. ¿Hasta cuándo seguiremos necesitando “ayudas” para votar, en lugar de un sistema que verdaderamente incluya a todos?
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